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    Djokovic: La apuesta de París

    Mayo de 2005. Estábamos en Paris, trabajando en Roland Garros. Eran tiempos de abundante gloria para el tenis argentino. Gaudio era el campeón defensor, Coria el último finalista, y varios apellidos conversaban mano a mano con los mejores. Ya Nadal había explotado y barría con todo lo que jugaba en polvo de ladrillo. El sorteo había determinado que, si ganaban todos sus partidos, Rafa y Federer se cruzarían en semifinales. Nadie, absolutamente nadie, quería perderse ese partido, aunque aun faltaran unos cuantos días.

    Por segunda ronda a Coria le tocaba jugar el primer partido de la cancha central. Tras ganarle en el debut a Kenneth Carlsen en sets corridos, su rival era un joven de 18 años recién cumplidos, desconocido, situado en el umbral del top-100. A nivel de Grand Slam había jugado y perdido por paliza su primer partido en el Abierto de Australia, ante un Marat Safin que, frente a él, daba su primer paso rumbo a una nueva consagración en Melbourne. Ya en París, el joven había demolido a Robby Ginepri por un inusual y contundente 6-0/6-0/6-3. Leyeron bien. A los 18 había perdido apenas 3 games en su debut en Roland Garros.

    Más allá de estos datos, nos llamaba la atención su apellido. Complicado de escribir, nos obligaba a preguntar cómo debía pronunciarse… Djokovic se sigue escribiendo y diciendo de la misma forma que hace 6 años. Pero significa algo muy distinto en el mundo del deporte.

    Recuerdo que llegamos temprano al club con Quique Cano, colega argentino. Dimos una vuelta en busca de novedades y, al rato, decidimos llevar algo para desayunar en el sector de prensa del estadio Phillippe Chartrier. Cargamos varios diarios y revistas para hojear y leer de a ratos durante el partido. La especulación era la misma en cada persona que andaba por ahí: Guillermo ganaría en sets corridos, sin inconvenientes e imponiendo condiciones. Qué equivocados estábamos!

    El partido empezó con  los roles invertidos. El joven mandaba y la estrella hacía lo que podía, porque eso que intentaba Coria no era defenderse como él sabía hacerlo. Una y otra vez, la tremenda velocidad del desconocido desbordaba al “único que podía con Nadal”. Era el reino del revés. Sí, claro. Del revés a dos manos del joven que no le daba ninguna posibilidad a Guillermo. Un ratito después de haber empezado el partido varios nos mirábamos incrédulos. Los diarios y las revistas quedaban de lado y nuestro modesto desayuno a punto estaba de caernos mal. La transformación también tenía lugar en el estadio. De “totalmente vacío” pasó a “modestamente ocupado”. La gente acompañaba cada punto del joven con gesto y susurro de asombro.

    Tras varios gestos el primer set se había ido. El joven lo había ganado 6-4. La intensidad de su tenis era la arista saliente, esa condición que destacaba entre muchas virtudes. Físico largo, buen alcance, servicio con variantes, revés muy sólido y picante, y una derecha algo insegura pero 100% determinante. “Viste lo que le pega este muchacho? Si siempre juega así, va a llegar muy lejos. Apostamos?”. Debo admitir que las palabras de Quique Cano me parecieron exageradas. Mis ojos veían más muchas decisiones equivocadas que lo llevaban a complicar los puntos, aun aquellos que terminaba ganando. A la vuelta del tiempo, admito que olvidé tener en cuenta que ese día, enfrentaba a alguien que era un especialista en eso de complicarle el tenis a los rivales.

    Muchos recuerdan que Coria ganó ese partido. Pocos deben recordar que lo hizo por abandono de su rival, cuando estaban set iguales y 2-3 en el tercero. Los que estuvimos allí sabemos que el resultado estaba abierto. El joven se sintió mal, hizo gestos de ahogo una vez, otra, y una más. Al final no pudo seguir. Un rato después, en conferencia de prensa, se presentó al mundo en la sala 2, con una simpatía sorprendente, un inglés muy claro y una curiosidad: el polvo de ladrillo le daba alergia. Eso dijo ese día, aunque con el tiempo cambió por unos “problemas respiratorios” que hoy día parecen superados.

    Han pasado 6 años. Ha sido un tiempo de muchos cambios para el tenis y para él. Quienes marcaban la pauta en aquel Roland Garros que fue el primero para Nadal, hoy son sus rivales por el número 1 del ranking mundial. El 2011 lo exhibe invicto, todopoderoso, desbordante de velocidad, resistencia y frescura dentro de la cancha; ordenado y maduro afuera. Australia, Dubai, Indian Wells y Miami son los 4 torneos que jugó y son los 4 que ganó. Con este arranque de temporada está a las puertas de mirar a todos desde arriba. Si lo logra o no, será solo un detalle. La apuesta de París la perdí hace un largo tiempo.

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