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    “Efecto Nole”

    Una vez más elijo como referencia de inicio algo que escribí aquí mismo, justo después del triunfo de Nadal en Roland Garros.

    “Una pregunta me quedó dando vueltas en la cabeza: su granítica confianza (la de Nadal) vuelve con títulos o con victorias sobre Novak?”

    En París, más allá del 6to título, Nadal me pareció un jugador vulnerable como pocas veces. Al número 1 del mundo le faltaba la madre de todas sus virtudes. Con la confianza endeble, él se convierte en humano y, consecuentemente, en alguien alcanzable, de carne y hueso, con puntos flojos y lugares por donde imponerle condiciones. Y esto no se contradice con haber salido campeón. La dimensión Nadal le permitió, esa vez, ganar todos sus partidos pese a la crisis de confianza. El pequeño gran detalle de todo esto es que, en París, no debió jugar contra Djokovic.

    Hemos leído y escuchado varias veces durante estos días, que Djokovic es a Nadal, lo que Nadal es/fue a Federer. Algo así como decir que a Rafa le apareció un Nadal. Tan fuerte es la huella que la carrera del español ya marcó en la historia del tenis que su nombre y apellido es sinónimo y referencia de un concepto.

    A partir de ahora, las líneas son de quien más las merece. Mérito, mérito y mérito. En conceptos, en desarrollo y en números. La realidad de las sensaciones es la misma que la realidad de los números, cosa que ocurre pocas veces, y en pocas actividades. Hoy nadie tiene dudas. Quien solo convive con el tenis en forma tangente, casi despreocupada y solo frente a los grandes acontecimientos; quienes seguimos el circuito de manera profesional, a partir de un vínculo laboral; quienes se valen de los números para refutar o refrendar los conceptos. Es unánime: todos sabemos quién es el mejor.

    Y, más importante que la opinión de todos nosotros, es la de los protagonistas. Djokovic, Nadal, Federer, Murray y cualquier otro, todos saben que Novak es el mejor. Hasta tío Toni, en un rapto de resignada sinceridad, admitió que no tenían la solución al “efecto Nole”, un problema cercano a la dimensión de complejo.

    Desde un cambio de dieta, desde el orden afuera de la cancha, desde acertadas decisiones en su grupo de trabajo, desde la alegría con que vive cada una de las situaciones de su trabajo, el hombre ha construído una fortaleza que amenaza convertirse en imperio. De a poco fue conquistando territorios ajenos hasta copar el mapa entero del mundo tenístico. En Australia, en Estados Unidos, en Europa. En Grand Slam y en Masters 1000. En cemento, en ladrillo, en césped. En cualquier piso y condición, impuso condiciones y estableció un nuevo orden. Desde razones tenísticas marcó el mano a mano con Rafa, a tal punto que hoy domina de antemano a la mente más fuerte de la historia del tenis. Le ganó al español con las cartas con las que habitualmente no perdía. Finales importantes, situaciones de score apretadas, primeros sets ganados, más descanso que su rival, polvo de ladrillo. Con cualquiera de estos condimentos, incluso con más de uno, Nadal no pudo derrotar a Djokovic en ninguno de sus 5 enfrentamientos de 2011.

    Aunque el clima de Copa Davis obliga a pensar muy rápido en lo que llega, difícilmente olvidemos el primer semestre de la temporada. Por números, por nivel, por imposición de un nuevo orden, hemos visto 6 meses de historia. De esa que se escribe en los libros.

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