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    “La Davis es diferente”

    Luego de haber vivido la inigualable experiencia de jugar la Copa Davis escribí este artículo. Lo vuelvo a compartir.

    David Nalbandian dijo que “jugar la Davis es otra cosa”.

    Juan Martin Del Potro comentó que “es algo totalmente distinto”.

    Juan Mónaco piensa que “no hay nada igual”.

    Gastón Gaudio confiesa: “Es diferente a lo que vivimos todo el año”.

    Mariano Puerta asegura: “Está buenísimo jugar para tu país”.

    Mariano Zabaleta coincide en que “la Davis es lo mejor que hay”.

    ¿Qué tiene de diferente la Davis?

    ¿Por qué resulta tan especial jugarla?

    ¿Qué significa para un jugador estar en el equipo?

    ¿Por qué algunos potencian su rendimiento y otros lo disminuyen?

    La Copa Davis es diferente. Pensemos el por qué.

    Empecemos por lo obvio y más simple: los jugadores de tenis compiten todo el año en los torneos de la ATP, Asociación de Tenistas Profesionales, y lo hacen en forma individual. Cada uno funciona como una empresa separada, cada uno es su propio jefe, cada uno suma más o menos dinero, gloria, fama, de acuerdo a la cantidad de partidos que gana. Cada jugador compite para sí mismo, por sí mismo y para su propio beneficio.

    Esta diferencia con la Copa Davis no es menor. Es importante y merece la pena ser tenida en cuenta.

    A la hora de jugar la Copa Davis, el tenista descubre un mundo que le es totalmente ajeno. Descubre el equipo.

    Hay un Capitán que decide por él, hay un cuerpo técnico que toma las principales decisiones, como el lugar de entrenamiento, la cantidad de días de preparación, los compañeros que estarán a su lado e, incluso, si jugará o no.

    También hay colegas y, en este caso, no son una amenaza, no son un problema, no son rivales. Están ahí con el mismo objetivo que él, están ahí por la misma razón y con sus mismas ganas. Para ejemplificarlo, pensemos en los días previos, en los días de preparación: Zeballos va al entrenamiento y cuando ve a Nalbandian matándose en el gimnasio, sabe que lo está haciendo por el bien de todos. Eso, lejos de preocuparlo, lo motiva y lo agranda. Ese miembro del equipo está agrandando a todos, está dándole confianza al resto de los jugadores y algo que en un torneo del circuito ATP sólo le serviría a él, ahora ayuda a cada compañero de esa serie.

    Hablemos de la responsabilidad.

    Durante todo el año Del Potro juega representándose a sí mismo. Y si bien sabe que tiene muchos fans que lo siguen, nada se compara a tener a un país detrás. Es ahí cuando representar al país cobra fuerza, cuando representar a la tierra se vuelve grande y cuando la responsabilidad y la presión también crecen.

    Al pensar en esto, también respondemos al dilema del rendimiento.

    Representar al país es algo que el tenista nunca aprendió, nunca se lo enseñaron, nunca lo sintió y, de buenas a primeras, después de muchos torneos jugados de manera individual, se encuentra con una bandera, un país y un “Oíd Mortales, el Grito Sagrado” al entrar a la cancha.

    Algunos logran transformar esta presión diferente en mejor rendimiento, en mayor energía, en mejor concentración, en mejor tenis.

    Otros no logran hacer de su motivación, de su energía y de su alegría una herramienta para aprovechar y lo transforman en tensión, desesperación, nervios y no tan buen tenis.

    A mi modo de ver y de pensar, esto es evitable y creo, con sinceridad, que cada uno no debe simplemente esperar ese momento para saber cómo reaccionará. Estoy convencido de que se puede preparar desde el punto de vista psicológico para llevar todas esas energías diferentes a un mejor rendimiento. Pero esto es tema para otro capitulo…

    Ahora hablemos de las repercusiones.

    Hay casos de excelentes jugadores que, luego de un mal rendimiento en Copa Davis, bajaron también el nivel en su carrera individual.

    También tenemos casos en los que la Copa Davis los impulsó a un salto de calidad importantísimo. Y para ejemplificar nombro a Verdasco, que luego de ganarle a Argentina el punto definitorio en la final, logró el mejor nivel de su carrera en el circuito ATP.

    Otra opción es que un jugador joven que es expuesto a jugar Davis no lo soporte anímicamente. En cambio hay otros que pasan su primera convocatoria como una prueba de fuego que acelera su maduración.

    De todas estas variantes, el caso que más especialmente me duele es el de los jóvenes expuestos a jugar la Copa sin preparación psicológica, que pagan con su propia carrera los costos de semejante prueba.

    La Copa Davis tiene una repercusión especial, también distinta a la que estamos acostumbrados.

    Es un evento que excede al seguidor del tenis y mientras más importante sea la ronda, más sobrepasa al publico usual.

    Cuando un jugador gana su ronda en el ATP de Washington se entera el público que sigue al tenis, y quienes lo comentan y difunden son los periodistas que cubren ese deporte.

    Tenemos una excepción a la regla cuando llegan los torneos de Grand Slam. Ya el público no es tan específico ni el periodismo tan especializado.

    Pero esto se potencia sobremanera cuando hablamos de la Davis.

    El público que la mira es mucho más amplio y el periodismo que la difunde, también.

    Y cuando digo más amplio digo menos especializado, cuando digo menos especializado digo menos capacitado, lo que indefectiblemente lleva a que sea público y periodismo muchísimo más critico y dañino.

    “Ese Acasuso es un amargo”, “Dale David, dejate de joder y ganale al muerto ese”, “Tanto lío por Del Potro y al final no gana un partido cuando juega por el país”, “Gaudio pecho frío”, “Estos pibes cuando juegan por el país arrugan”, “Mónaco le pone ganas, pero no le da ¿viste?” Y una cantidad de barbaridades que escucho en los bares o que me soplan los amigos que ven los partidos en la oficina con gente que en su vida siguió el tenis o que, como mucho, vio la final de Roland Garros entre Gaudio y Coria y el match point de Del Potro en el US Open repetido en los noticieros.

    Estas repercusiones al tenista le llegan, le afectan y le duelen. Es mentira el “me da lo mismo lo que digan” y es mentira el “yo se que hago lo mejor cada vez que entro y estoy tranquilo por más que ese periodista diga lo que diga”.

    Marcelo Charpentier era un fenómeno con todas las letras, un crack, uno que pintaba para cualquier cosa, y los comentarios tras una mala actuación lo destrozaron y le quitaron fuerzas, le quitaron confianza y lo marcaron para el resto de su carrera.

    Federico Browne fue el mejor junior de toda su camada: le ganaba al “Chino” Ríos y a “Guga” Kuerten (dos que luego fuero número 1 del mundo) hasta los 18 años. Jugó Davis muy joven con malos resultados, y esa experiencia lo dejó sin energías ni alegría para su futuro de top.

    La Davis es un momento de exposición nacional y responsabilidad, también nacional. Y sin entrenamiento mental lo único que queda es ver como reacciona cada uno cuando llega la ocasión. No sabemos qué esperar de cada jugador.

    Pensemos entonces cuando analizamos un partido de Davis para entender a quienes no la juegan tan bien y para disfrutar de quienes, como Nalbandian, hacen que su tenis brille por encima del nivel que se espera de ellos.

    Hay muchas cosas que analizar de la Copa Davis, de su funcionamiento. Podemos analizar cómo se arma el equipo, quién debe ser su Capitán, si es importante que exista “grupo” y qué hacer con los problemas que puedan existir entre sus integrantes. Podemos pensar en la superficie que nos conviene, en el rol de la Asociación Argentina de Tenis. Es importante seguir pensando si es mejor llevar los entrenadores de cada jugador, su preparador físico y quien crea conveniente, o si es mejor que este cada uno solo con el Capitán y el cuerpo que este elija. La Davis es un mundo aparte y merece ser analizada y estudiada muy a fondo. Lo vamos a seguir haciendo.

    Pero lo que tiene que estar claro es que todos los jugadores que alguna vez en la vida tuvimos la posibilidad de formar parte de un equipo descubrimos en la Davis un momento totalmente distinto y maravilloso, emocionante, asombroso, deslumbrante, nuevo, especial, motivador, que conmociona y mueve sentimientos muy profundos. Y que todos, absolutamente todos los que alguna vez tuvimos esta responsabilidad, la jugamos dejando el alma. Que no queden dudas.

    Por Martín Vassallo Argüello

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