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    Jugar o estudiar: esa no es una cuestión

    Ignacio Hirigoyen se despierta en Dallas: saluda a su mujer, lleva a su hija al jardín y se va a trabajar. Hace cuatro años se recibió de abogado y ejerce en Andrews and Kurth, un estudio con 400 abogados. Ahí, se ocupa de la formación de sociedades, de la compra y venta de empresas. Además, es Licenciado en administración de empresas, su primer título.
    Y ex tenista profesional. Entre el ’96 y ’99, Ignacio comenzó a estudiar en la Universidad de Dallas. Llevaba un año y medio en el circuito y los resultados no lo acompañaban: estaba 750 en el ranking ATP. Para los padres tampoco era fácil: como no tenía sponsors, ellos financiaban las giras de Nacho. Un coach lo vió jugar en Italia y le ofreció una beca en una Universidad. Viajó, conoció y no le gustó. Buscó otras: visitó UCLA, Berkeley. Tampoco. Hasta que llegó a Dallas.
    A los 18 años, Ignacio se fue de Bahía Blanca, su ciudad natal, con una promesa: “Cuando deje de jugar al tenis, voy a estudiar una carrera, mamá”. Pero los planes cambiaron: dos años más tarde, guardó la raqueta por un tiempo y se instaló en Estados Unidos. Su idea era jugar para el equipo de la Universidad y, mientras tanto, cumplir con su palabra. Allí, la intensidad de entrenamiento era menor; las ocho horas diarias a las que estaba acostumbrado, bajaron a tres. Sin embargo, él se exigía más: todos los días, después de hora, se quedaba jugando un set o tirando canastos.
    De esta manera, Hirigoyen mejoró como tenista. Y consiguió récords. El primero, nacional: once partidos ganados en un mismo certamen, cuando llegó a la semifinal de un torneo viniendo desde la prequally. Nadie lo superó. El otro, universitario: 34 victorias en una temporada. En esos años, jugó contra James Blake, los hermanos Mike y Bob Bryan, Paul Goldstein, Jeff Morrison, “muchos jugadores que estuvieron entre los 100 mejores”, recuerda. Y aprendió a ganar: su cabeza cambió, consiguió confianza.

     

     Con un título bajo el brazo, buscó revancha en el deporte. Disputó satélites en Arizona, en California. Esta vez se financiaba él. Llegó el ATP de Bogotá, en 2001. Por primera vez superó una clasificación: le ganó a “Willy” Cañas en la última ronda. Y en su debut en un cuadro principal, a Luis Horna. Ese fue su único triunfo ATP. Así, llegó al puesto 231, su mejor ubicación. Su perfil en Wikipedia confirman los datos: “Ah, ¿tengo un perfil? Mirá vos”, se sorprende.
    Lesiones en un hombro, desmotivación para entrenar, malos resultados y la distancia de su mujer, lo devolvieron a Dallas en 2003, con 27 años. “Era estirar una agonía”, recuerda. Y otra vez a las aulas: le ofrecieron ser asistente del entrenador del equipo de su Universidad. Con ese puesto, además de un sueldo, le daban otra beca para estudiar. Y agarró los códigos: convencido por sus padres, empezó abogacía.
    A veces se pregunta qué hubiese pasado si se abocaba de lleno al tenis. Otras, agradece que le hayan inculcado el estudio. Y les recomienda a todos los chicos que juegan al tenis: “Hagan la experiencia de estudiar en Estados Unidos. Ir allá no es dar un paso atrás en el circuito, sino, al contrario; madurás, crecés, entrenás y, encima, estudiás. Invertís tu tiempo. Si tenés bajos recursos, te cubren la carrera: nunca le pagué un dólar a la Universidad. Después, más grande, volvés a jugar profesionalmente. Y cuando te retirás, tenés cómo defenderte en la vida”.
    Porque, para Ignacio Hirigoyen, estudio y tenis pueden ser complementarios.

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    • http://www.uic.es/es/periodismo-deportivo periodistas deportivos

      Me parece muy bien que la gente estudie, porque el deporte requiere grandes esfuerzos, pero los estudios nunca están de más. Yo estuve jugando a waterpolo durante muchos años, estaba en la primera división de mi zona, pero nunca renuncié a todo lo otro. Estudié también periodismo, y después me especialicé en periodismo deportivo, en la UIC, en Barcelona. Allí hice grandes contactos y toda mi experiencia como jugadora me sirvió (y mucho!) para la carrera. Desde entonces que sigo jugando pero mi gran pasión también es escribir todo lo que sé en una revista especializada. No renunciar a nada, esta debe ser la actitud!
      Un gran saludo,
      Laura

    
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